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Llevo 20 otoños sobreviviendo al mundo y viviendo en el medio de la nada, mientras plasmo el mundo en palabras desde mi punto de vista.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Quédate.

Cuando dudes, quédate. Cuando no creas en mí, quédate. Cuando no sabes lo que sientes, quédate. Cuando quieras reír, quédate y, cuando quieras llorar, quédate. No te vayas, déjame ser parte. Si no sabes a dónde ir, quédate. Si derrochas cansancio, quédate. Si no sabes qué hacer, quédate. Si sólo quieres hablar, quédate. Si sólo quieres escuchar, quédate. Si no quieres nada, quédate. Si quieres todo, quédate. Si quieres el pasado, quédate. Si quieres un futuro, quédate. Si te gusta el presente, quédate. Si no te gusta nada, quédate. Si odias, quédate. Si amas, quédate. Incluso cuando no quieras quedarte, hazlo. Si quieres festejar o si no quieres, quédate. Si vas a caer, quédate. Si vas a avanzar, quédate, avanzaremos juntos. Si quieres luchar, contra todo y contra nada a la vez, quédate. Si no me quieres, quédate. Si me odias, quédate. Si me amas, quédate. Si alguna vez fui algo para ti, quédate, y, si no lo fui, igual, quédate. Si hay maldad o bondad en ti, lo que sea, quédate. Si te mudas, si no lo haces, si caminas, si corres, si gateas, si peleas, si maduras, si sigues siendo infantil, si cantas, si actúas, si trabajas o si no lo haces; sea lo que sea, pero quédate, hoy, mañana y siempre. Quédate. Hazlo, por favor. Quédate.

martes, 29 de septiembre de 2015

Entrega.

Te daré lo que tengo, lo que necesites, lo que quieras. Haré hasta lo imposible por ver esa hermosa sonrisa en tu rostro. Amor, confianza, felicidad, honestidad, aventuras, seguridad, complicidad; todo eso y más. Incluso te ofreceré un pedazo de lo que soy y, con ello, te entrego una pesada responsabilidad, la cual es que tienes parte de mi esencia en tus manos y que, si te vas, si vuelves a irte, no te diré que la rompes, sino que te la llevas para siempre, dejándome a medio camino, perdido, otra vez. Prometo valorar todo aquello que me des, o lo que me ofrezcas, incluso hasta el mínimo detalle, para que nunca olvides lo que siento, para que no creas que no tienes importancia.

Querido futuro nuestro.

No voy a prometer estar de buen humor todos los días, así como tampoco tú lo estarás, pero sí puedo prometer que pondré de mi parte para que no te veas afectada por eso o para mejorar tu humor y hacer más llevadero tu día. Prometo hacer lo que esté a mi alcance para ver una sonrisa tuya a diario, mientras te ofrezco la mía. Prometo recordar esas fechas, sin necesidad de hacer un esfuerzo, porque ya se me da bien, al ser importante. Prometo tratarte como la princesa, no, como la reina que realmente eres para mí y, a sabiendas de que lo material no debería ser tan importante, ofreceré regalos que cuenten como detalles que sé que tendrás en cuenta a cada momento. También me encargaré de hacerte sentir especial mediante sorpresas que, no serán las mejores, pero lograrán el objetivo de hacerte sonreír y es lo que me importa. Sé que, a veces, los celos y los problemas nos vencerán pero te elegí para vencerlos juntos y eso es lo que haremos, a pesar de lo que vaya a costarnos. No soy una persona fácil, pero decidiste aceptarme y eso lo dice todo, significa amor y eso es lo que siento por ti, es por eso que decidí compartir el resto de mi vida contigo. Quiero adelantar mi disculpas al día de hoy, porque sé que me encerraré en mi mundo e intentaré dejarte fuera, aunque sepa que te duela, pero quiero que estés informada de que no es intencional, es sólo que necesito estar solo como toda persona, solo pero acompañado y ahí es donde estás tú, indirectamente. Esto pasará contigo también y ahí estaré yo, no me rendiré porque mi objetivo será apoyarte y ayudarte en lo que sea, será como ser tu fan número uno en cualquier situación que pases, estaré para levantarte cuando caigas, si es que no evité hacerlo antes. Viviremos mil aventuras y aprenderemos de ellas, así como aprenderemos de los errores que tengamos porque no somos perfectos, aunque nos veamos así el uno para el otro. Nos extrañaremos cuando el otro esté ocupado con una obligación que haga existir la distancia y nos encargaremos de hacer cada día como el último. Estoy seguro, a su vez, que lucharemos para que la llama del amor no se apague; eso es lo que planeo hacer hasta el último momento. No será todo perfecto, pero seremos nosotros, a nuestro modo, en nuestro tiempo, y es todo lo que importa, que estaremos juntos y no nos rendiremos tan fácil. Todo eso te prometo, todo eso puedo ofrecer, algo cercano a la felicidad.

lunes, 14 de septiembre de 2015

¿Qué sentido tiene?

¿Qué sentido tiene querer volver el tiempo atrás? ¿Qué sentido tiene querer continuar? ¿Qué sentido tiene no rendirse? ¿Qué sentido tiene fingir fortaleza? ¿Qué sentido tiene esperar una respuesta? ¿Qué sentido tiene hacerse tantas preguntas? ¿Qué sentido tiene recordar? ¿Qué sentido tiene crear? ¿Qué sentido tiene sonreír? ¿Qué sentido tiene escuchar esas canciones, tanto las que te hacen llorar como sonreír? ¿Qué sentido tiene forzar algo que ya venció? ¿Qué sentido tiene intentar conseguir el perdón? ¿Qué sentido tiene mantener la esperanza? ¿Qué sentido tiene no retroceder ni avanzar? ¿Qué sentido tiene no saber cómo recuperar ciertas cosas? ¿Qué sentido tiene que no pueda adelantar el tiempo? ¿Qué sentido tiene desconocer mi futuro? ¿Qué sentido tiene hacerme sentir el odio? ¿Qué sentido tiene no poder llevar todo en paz? ¿Qué sentido tiene estar así? ¿Qué sentido tiene todo ésto? ¿Qué sentido tiene tener sentido? ¿Qué sentido tiene no superar un error? ¿Qué sentido tiene que siga siendo el único que lucha? ¿Qué sentido tiene quedarse con las ganas? ¿Qué sentido tiene que sea todo o nada? ¿Qué sentido tiene olvidar o recordar? ¿Qué sentido tiene la luz o la oscuridad? ¿Qué sentido tiene escribir y hablar sobre lo que siento? ¿Qué sentido tiene ver en todas direcciones y no notar nada? ¿Qué sentido tiene generar quejas, si no hiciste lo necesario en su momento? ¿Qué sentido tiene arrepentirse? ¿Qué sentido tiene no vencer el orgullo? ¿Qué sentido tiene no hacer lo que más quieres? ¿Qué sentido tiene mentirte a ti mismo? ¿Qué sentido tiene? ¿Tiene sentido alguno?

Carta de suicidio.

No hubo momento en el que no alardeara de ser fuerte, ¿recuerdas? Podía pasar por todo, experimentarlo, sufrirlo y superarlo, porque era mi meta, porque era lo que siempre hacía, porque es como todo el mundo me conocía. Pasa con los objetos menos pensados, por ejemplo, una cadena. Creo que eso era yo: una cadena que tiró demasiado de los extremos y se rompió. O un papel, tal vez un papel como el que ahora tienes en tus manos mientras lees ésto. Puedes romper ese papel, arreglarlo con cinta adhesiva, cortarlo y pegarlo con más cinta. No será el papel de siempre, tendrá sus modificaciones, pero seguirá estando y aguantando. Tal y como yo lo hice. Pero, llega un momento, en que el papel ya no aguanta y es sólo cinta. Es triste tener que dejarte pero, si lo pienso mucho, me arrepiento y no por mí, sino por todos ustedes. Es probable que ahora te duela mi partida, lo sé, me duele a mí también, pero todos tenemos que hacerlo, todos debemos partir en algún momento, y creo que es justo que adelante mi fecha de partida a la actual. Hey, piensa en todos los momentos que tuvimos, todas esas veces que te enojaste conmigo por algo que hice o dije, o por algo que no hice. Reproduce esos momentos para no olvidarme porque, si me olvidas, entonces es ahí que yo pasaré a la memoria o, ni eso, pasaré a ser nada. No te preguntes por qué hice ésto, podría estar escribiéndote muchas cartas con extensas justificaciones a mi decisión y ninguna te sería suficientemente buena para eso. No te enojes contigo tampoco, no es tu culpa aunque puedas llegar a pensar que es así. No pudiste ni ibas a poder detenerme, sólo mis pensamientos lo harían y ahora están callados, al fin. Decidí luchar de otra forma ésta vez, decidí ser fuerte de otra manera, y por eso ya no estoy físicamente junto a ti, ni a los demás. Pero eso no significa que no esté en recuerdos, en fotos, vídeos o en las noches más frías, en las que sientes que nadie más te comprende. Yo estoy y estaré entre todos ustedes, siempre y cuando cada uno no me olvide, no borre mi presencia de su memoria y tenga un pedazo de su corazón destinado a mí. Quisiera decirte que lo siento porque sé que no es algo que querías y sabes que siempre intenté por hacer lo que a otros feliz hacía. Estoy en mi momento de paz, de felicidad; ya no debes preocuparte por más nada. No voy a decirte que no llores, tienes que hacerlo porque es parte del proceso, limpia tu alma hasta vaciarla, pero asegúrate de volverla a llenar. Oye... no olvides que te quiero. Ahora estoy bien, si eso te interesa saber. Y sé que tú lo estarás pronto. Te quiero.

domingo, 6 de septiembre de 2015

La forma en que él te mira...

... es ridícula y sé lo incorrecto que suenan esas palabras de mi boca, pero es mi verdad. La forma en que él te mira no es suficiente, tal vez él no lo sepa, pero tú y yo sí, al igual que el resto de tu entorno. Él no podría mirarte como lo he hecho y lo afirmo, no porque todos miremos diferente, sino por la historia que tenemos. Cariño, él no ve lo que yo vi por primera vez. Él no mira dentro de ti, no mira tu bella alma, no mira más que tu exterior y es, en extremo, inválido. La forma en que él te mira es como la forma en que un niño mira su juguete favorito, no lo culpo, es inevitable no dar esa mirada a tal belleza inigualable. Pero creo estar seguro de que nadie te verá y notará lo que yo en ti. Mis ojos han conocido más de nueve facetas de tu rostro y ellas me han permitido ver más allá, más allá de lo que nos rodea. Te he visto emocionada por una alegre noticia. Te he visto preocupada, cuando no logras saber qué sucede, o cuando miras al mundo derrumbarse, o cuando normalmente permites que nuestros hijos salgan a domar riesgos. Te he visto divertida, incluso en tiempos críticos. Te he visto llorar porque tu alma ya no soportaba tanto dolor, o porque era demasiada alegría, aunque contados son esos casos. Te he visto enojada por situaciones en las cuales, en ocasiones, me encontraba involucrado. Te he visto sufrir por no poder lograr algo o porque hay cosas que no dependían de ti, aunque así lo desearas. Te he visto sonrojarte por halagos que recibes o porque decía yo algunas verdades bastante fuertes, recordando una alguna anécdota. Te he visto nerviosa, mordiéndote el pulgar de tu mano derecha. Te he visto frustrada, con tus manos pasando por tu cabello. Te he visto fruncir el ceño, sollozar, gritar, hacer pucheros y más. Te he visto decir que no, aunque tus ojos gritaban un "sí", o en viceversa. Te he visto aguantar, a pesar de estar rota. Te he visto buscar salida, a sabiendas de que no existía. Te he visto feliz, viviendo momentos únicos, con una gran sonrisa en tu rostro, una sonrisa sincera. Te he visto aguantar lágrimas porque fuerte eres, o porque debilidad no quieres demostrar. Te he visto en tus momentos de fragilidad, cuando finalmente te quebrabas porque decías "basta" y todo en ti demostraba ese cansancio. Te he visto con un montón de peso encima, lidiando con ello. Te he visto sin nada también, desnuda, y me refiero a cualquier ámbito, sin ropa o sin problemas, o sin ambos, por lo que me atrevo a decir que te he visto indefensa. Te he visto confiada, segura de ti misma, y también te he visto dudosa del siguiente paso a dar. Te he visto acertar y fallar, te he visto aprender y te he visto terca, aunque así es fácil verte. Te he visto con tu luz, te he visto tierna, te he visto tímida, te he visto dulce y amarga. Te he visto y eso es lo importante, te he visto de una forma que nadie entiende actualmente. Probablemente, ni yo lo entienda, pero te miro, aunque no lo creas, aunque no parezca, y te quiero así.

sábado, 5 de septiembre de 2015

¿Cuánto pesa su ausencia?

Lo suficiente como para hacerme replantear mis esfuerzos, mis intenciones, mis sentimientos y pensamientos, mi vida en general. Pesa en demasía porque, por más que diga que estaba preparado, por más que sabía que sucedería, no lo estaba, no estaba listo y probablemente nunca lo estaría porque todavía sigo aferrado. Pesa de esa forma porque los recuerdos ponen de su parte, porque las heridas no quieren sanar, sino seguir abiertas. Desearía que no pesara tanto, bueno, que no pesara nada, en realidad, porque se supone que es como debería ser ya, pero no puedo, tampoco sé cómo hacer que deje de pesar. Quiero suponer que, si dejo que pese, ésto cesará en cuestión de tiempo... aunque tengo miedo de que esté equivocado en eso. Puede pesar por siempre y, si eso pasa, por favor, estoy jodido de por vida. No sé si sigo siendo lo suficientemente fuerte como para obligarme a superar, no puedo hacerlo, no me sale, no encuentro el camino. Tiene que dejar de pesar... tiene que suceder... tarde o temprano...

¿Y ahora te atreves a volver?

Sí, ahora me atrevo a volver porque entiendo el sufrimiento que ocasioné, no sólo en su persona, sino en mí y eso es algo que me costó admitir, aunque ya lo tenía pensado también. Me atreví a volver porque su ausencia me dolía, porque me hacía actuar como un muerto en vida y ya no le veía sentido a eso. Me atreví a volver porque estaba ausente, porque no era yo, porque me había perdido y había cambiado para mal, me había transformado en un verdadero hijo de puta y ahora, eso está camino a revertirse, si es que ya no se completó la transición. Me atreví a volver ahora porque no podía permitir que el tiempo continuara pasando, porque fue mi límite, porque ya había soportado mucho sin ella y porque me dolía la forma en que percibía como nos perdíamos mutuamente. Los recuerdos atormentaban y me hacían necesitarle de una manera que jamás noté. Si no era ahora, no iba a ser nunca y, sinceramente, mi corazón no lo soportaría y yo no me arriesgaría a tal hecho. Volví ahora porque el hilo que nos unía estaba en su punto máximo, no aguantaría más, necesitaba enredarse más pero era lo que estaba intentando evitar y, si un hilo no se enreda, ni se rompe, significa que vuelve a su estado natural, relajado, tranquilo, en paz. Y eso fue lo que opté, lo que significó volver. Me atreví a volver con todo lo que ésto significaba. Me atreví a volver ahora porque ya no podía fingir y porque entendí que también merecía ser feliz, además de hacer feliz al resto, porque eso es lo más importante y valioso.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Querido septiembre.

Ya son 1095 días de aquel septiembre, del primero, del que me dio un giro, del que me afectó hasta la actualidad. Es un buen recuerdo que tiende a repetirse cada tanto, robándome una sonrisa, no voy a negarlo. Es sorprendente como un día puede alterar tanto a una persona, como una fecha insignificante se torna completamente importante e inolvidable para uno. Nunca sabes cuando cambian las cosas, eso es el lado bueno, y malo, de la vida. Es cierto que muchos sucesos existieron entre esos casi mil cien días, es cierto que hubieron muchas dudas, muchos eventos, muchas sorpresas, muchos susurros, muchos encuentros, muchos gritos, muchas risas, muchos problemas con muchas (o pocas, a veces) soluciones, muchas emociones que aún se pueden revivir mediante el recuerdo. No se olvidan, no, es imposible, y más cuando es lo que me ha formado como persona durante el largo camino que llevo de la vida. Me liberé, siempre lo diré, siempre agradeceré por esa oportunidad de liberarme de una situación compleja, de enseñarme a luchar. He dicho últimamente, muchas veces, que no me arrepiento de nada y eso no es nada más que la verdad, me alegra haber vivido todo lo malo y todo lo bueno, ambos me han dejado una o más enseñanzas. Bueno, no sé si es la palabra adecuada, pero creo que es bueno ver la línea del tiempo de la forma en que yo la veo actualmente. Aunque, más que línea, ésto se vuelve un semicírculo porque estamos volviendo al día uno del mil noventa y cinco, volvemos a la situación que nos unió y, hoy en día, agradezco por ello porque siento que es un reflejo de que se puede manejar la situación y que ya hay madurez de ambas partes. No voy a ceder, como me han pedido que lo haga, porque ahora estoy volviendo a ser yo mismo, volviendo a luchar por lo que quiero y, aunque esté mal para otros, para mí está bien y lucharé por eso, sea algo pequeño, intermedio o grande. Joder, he dicho. Sólo necesitaba dejar constancia de ello. Si bien mi vida se ha fracturado, separado, o como prefieran llamarle, en partes, creo que de todas ellas se pueden tomar algo para construir la siguiente y eso estoy haciendo, así que, sepan comprender aquellos que me rodean por decidir no dejar ir algo tan fácil como hice hace un par de meses. Sólo eso. Querido septiembre, vas a ser complejo y yo lo sé, pero voy a arriesgarme a ello, tengo fe y esperanza, la fuerza viene en camino y el resto, bueno, que sea lo que sea, vamos con y contra eso. Querido septiembre, no eres igual a los pasados, tampoco a los futuros, pero no espero que seas menos ni peor, sino lo opuesto, más y mejor. Querido septiembre, necesito que seas mi septiembre otra vez. Querido septiembre...

jueves, 3 de septiembre de 2015

Ella no lo nota porque no lo sabe.

Ella no lo nota, ella no lo sabe, por lo que ella cree otra cosa distinta a la realidad. Te preguntarás qué es lo que no sabe y mi respuesta viene a continuación. No sabe que estoy cumpliendo mi promesa más importante. Ella cree que no es así. La realidad es que estoy al pendiente de sus publicaciones, de sus escritos, para saber cómo se encuentra porque me importa y, por lo tanto, me preocupa. Estoy en su cercanía, pero no me ve. Tengo mis contactos, esos que me ayudan a cumplir la promesa. Cuando está bien, me quedo en el molde pero, cuando está mal, comienza la acción. Recurro a ellos, haciéndole mención de que algo anda mal, y rápidamente están dispuestos a ayudarme, lo cual es bueno. Estoy cumpliendo la promesa de forma indirecta, por medio de terceros, porque, de la forma opuesta, tengo el presentimiento de que todo iría mal. Oye, no me malinterpretes. Me encantaría ser yo quién le de consuelo, quién le abrace y le diga que todo bien estará, que no debe preocuparse. Pero no estoy en posición de hacerlo, no tengo el derecho y no sé si ella quisiera que fuera mi persona, después de todos los hechos sucedidos anteriormente. De todas formas, eso no importa porque no se trata de mí, sino de ella y su bienestar. Y el hecho de que no estoy fallando a mi palabra, como ella cree que hago, y por eso digo que ella no sabe.

martes, 1 de septiembre de 2015

¿Por qué?

Me está enfermando, todo esto me está enfermando, el hecho de que no exista una persona que no juzgue lo que pasa o que no me tiren encima la culpa. No puedo hablar del tema porque, si no es una cosa, es la otra. ¿Por qué ya lo llevan al extremo? ¿Por qué no pueden ver el término medio que quiero plantear? ¿Por qué no pueden verlo de mi lado? ¿Por qué no son capaces de sentir el miedo que siento? ¿Por qué no son capaces de sentir la culpa que siento? ¿Por qué no sufren la empatía, como la sufro yo? ¿Por qué siguen mezclando? ¿Por qué no pueden separar? ¿Por qué debo elegir, si antes todo lo tenía? ¿Por qué no se puede dejar la ecuación sin resolver? ¿Por qué obligan a la cuerda a romperse? ¿Por qué obligan a mi alma a ir por un camino distinto al de mi cuerpo? ¿Por qué nada es igual? ¿Por qué es todo distinto? ¿Por qué es de esta forma? ¿Por qué no me dejan moldear, a mi gusto, la situación? ¿Por qué quieren mandarme a la oscuridad? ¿Por qué me hacen ver como el gran culpable? No estoy negando tenerla, pero, es culpa compartida, sí, o sea, no soy el único que ha actuado mal y, sin embargo, el resto parece salir ileso de ello. Estoy exprimiendo mi corazón y mi alma por esta situación, es demasiado, temo volver a perderme y no regresar esta vez porque ese lado, una vez que lo experimentas, te vuelves adicto, aunque sea malo, extremadamente malo. Sin embargo, no sé si quiero que me salven, esta vez. No sé si lo merezco, en realidad. Tal vez debería buscar ese término intermedio...