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Llevo 20 otoños sobreviviendo al mundo y viviendo en el medio de la nada, mientras plasmo el mundo en palabras desde mi punto de vista.

viernes, 26 de junio de 2015

Puedes olvidarte.

Puedes olvidarte de las sonrisas, puedes olvidarte de los pequeños detalles que tenía hacia ti, puedes no darle importancia a lo que hacía por ti, puedes olvidarte de lo que perdí por ti, puedes olvidarte de los buenos momentos, puedes olvidarte de las risas. Puedes olvidarte de lo que te di, puedes olvidarte de lo que te hacía sentir, puedes olvidarte de los regalos que te hice, puedes olvidarte las canciones que te dediqué, puedes olvidarte de mi presencia. Puedes olvidarte de las palabras bonitas que te decía, puedes olvidarte de los abrazos dados y recibidos, puedes olvidarte de los besos, puedes olvidarte de las miradas cómplices, puedes olvidarte de las bromas. Puedes olvidarte de ser fuertes juntos, puedes olvidarte de las sensaciones, puedes olvidarte de las dificultades vividas, puedes olvidarte de la prisa, puedes olvidarte del tiempo corriendo, puedes olvidarte de los colores, puedes olvidarte de los lugares pisados. Puedes olvidarte de las promesas, puedes olvidarte de los secretos, puedes olvidarte de los problemas, puedes olvidarte de las soluciones encontradas a último momento, puedes olvidarte de las discusiones, puedes olvidarte de la felicidad, puedes olvidarte de luchar. Puedes olvidarte de no dormir por las noches, puedes olvidarte de las palabras dichas, puedes olvidarte de los desayunos en la cama, puedes olvidarte de la vida como la conocías, puedes olvidarte de los caprichos cumplidos, puedes olvidarte de la forma en que te miraba. Puedes olvidarte de los planes para el futuro, puedes olvidarte de las disculpas, puedes olvidarte de la magia, puedes olvidarte de la unión, puedes olvidarte de ser o estar, puedes olvidarte de tenerme, puedes olvidarte de mi corazón latiendo, puedes olvidarte de las lágrimas, puedes olvidarte de los sueños, puedes olvidarte del final feliz. Puedes olvidarte de todo, tal vez incluso de mí, pero yo prometo no hacerlo nunca, prometo no olvidar, prometo recordar hasta la cosa más estúpida.

jueves, 25 de junio de 2015

La persona que más lo conocía.

La persona que más lo conocía le dijo, una vez más, sus verdades. Le dijo que no amaba a su nueva chica y que no era feliz, algo que a él le costaba admitir. También le hizo ver que él sólo era él cuando estaba en su antigua relación, que con esa mujer era uno y se le podía ver feliz, a pesar de la costumbre. Le hizo ver que ahora era un hijo de puta, que ya no quedaban rastros de lo que alguna vez fue, y que, siendo así, sólo terminaría por perderlas a ambas. Eso él no lo deseaba, él sólo quería volver a ser feliz, sólo quería parar con el dolor interno que poseía desde hace un buen tiempo, quería volver a ser él, quería definirse, quería decidirse. Pero bien dicen que no todo lo que se quiere, se puede. Estaba cansado de luchar. Ya no deseaba más nada, ya ni se sentía vivo. Claro, estaba muerto en vida. Eso era. Y su amistad de años tenía razón en sus palabras, no podía negarlo.

martes, 23 de junio de 2015

¿Para qué nos sirve el corazón?

Es mentira que nos sirve para vivir, es que yo creo que el corazón nos sirve para morir. Es verdad que no tiene un manual pero que somos tan masoquistas que no nos importa descubrirlo por nuestros medios, aunque en ocasiones eso es lo de menos, porque estamos obligados a hallar ese manual a través del dolor. Es tan peligroso, que nos transforma en valientes. Al final del día, sabemos tanto, que no sabemos nada, porque lo único que sabemos es que bombear sangre no es la única función que tiene en nuestra vida. Es él. Él se encarga de hacernos elevar lo más alto posible para luego dejarnos caer, es él quién nos rompe en pedazos, es él quién nos hace sufrir de tal manera que parecemos muertos en vida, es él. Podría hasta nombrarlo causante del vacío que ahora poseo, o culpable de mis impulsos, o peor, de mis sentimientos. Es que tiene tanto poder, siendo tan pequeño, probablemente sea porque está tan dentro de mí. Sea como sea, o lo que sea, no puedo contra él y lo que me hace, no tengo fuerzas para luchar contra él porque sería luchar contra el proveedor de esa fuerza. Él me debilita, pero me hace fuerte. Él me alza, pero, a la vez, me pisa. Es este maldito órgano que me lleva a la muerte de mi alma y que, en su camino, sólo sirve para modificar lo que soy... o lo que fui...