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Llevo 20 otoños sobreviviendo al mundo y viviendo en el medio de la nada, mientras plasmo el mundo en palabras desde mi punto de vista.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Tres segundos para pensar.

Pensé en mí ahogándome mientras intento romper las cadenas que imposibilitan cualquier movimiento de mi parte. Pensé es que es el sentimiento que estoy experimentando ahora, pensé en lo horrible que es, en lo horrible y triste. Pensé en cómo es posible que esté sobreviviendo, que siga caminando y luchando contra este sentimiento, que está acompañado de la ansiedad. Pensé en que estoy a punto de romper la cuerda, de ceder, de rendirme, de perder o ganar, ya no sé qué sería cada cosa. Pensé en el aire que me está faltando, que es aquel que estoy necesitando urgentemente, porque ya no puedo más, porque me está cansando fingir, porque mi alma está agotada. En esos tres segundos pensé en todo lo que me ha pasado este año, en todo lo que hice mal y lo que pude haber hecho bien, en las palabras que dije y en aquellas que no. Vino a mi mente las personas que perdí, los recuerdos de las mismas; también en aquellas personas que, a pesar de todo, permanecen a mi lado y los nuevos amigos que han llegado, y en los que deseo que permanezcan por más tiempo. He pensado en el largo camino que he recorrido y en el que quiero recorrer, en el trayecto que me falta y en el que estoy ahora. Pensé en mis miedos y en opiniones ajenas, en la felicidad de los demás que hace que la mía se aleje. No pude dejar de pensar, además, en mis sentimientos y emociones: en lo que realmente siento o en lo que intento sentir que no es tan fácil como muchos han pensado que es, ni como yo he deseado que fuera. Tres segundos en mi mente son una eternidad, si te soy sincero, y me da el tiempo para pensar todo lo que mencioné y mucho más porque los pensamientos pasan a rápida velocidad por mi mente.

sábado, 28 de noviembre de 2015

¿El amor y el dolor tienen el mismo color?

En ocasiones, sí, pero no creo que sea siempre, van de la mano en algunos caminos y, en otros, se separan pero por poco tiempo. Creo que el color que sería la combinación de ambos serían el bordo, estaría el rojo que representa el amor mezclado con lo oscuro, lo negro, del dolor. Muchas veces son las que sufrimos por amor, ya sea por la ausencia de éste o por problemas con el mismo. Sin embargo, el amor tiene sus momentos en el que está acompañado de la felicidad y no del dolor. A su vez, el dolor tiene situaciones en las que va de la mano con la soledad o depende de otros sentimientos y/o emociones. El amor y el dolor tienen el mismo color cuando no los sabes manejar, creo yo, cuando ellos te vencen, cuando atacan sin piedad, cuando no les importa más que hacerse sentir. Y eso sucede, sucede más de seguido de lo que creemos. Sólo que, en ocasiones, logramos controlarlos a tiempo y, en otras, tardamos más porque no encontramos el punto medio. El amor y el dolor tienen distintos colores, van variando constantemente, pero, a veces, tienen el mismo color, sí.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Me gusta compartir el retweet.

Hoy en día, creo que las acciones están sobre-valoradas. A algunas de ellas se las toma demasiado en serio, cuando no debería ser así, y a las que sí deberían, las dejan de lado. Más que injusto, llega a cansar. Creo que, el hecho de que estamos en una era con tecnología de más, genera que esto sea así. Estamos en la época del "Me gusta", del "Retweet" y del "Compartir". De ahí surgen los problemas actuales. Aniquilan las neuronas buscando una razón por la que tu chico clickeó "Me gusta" en la respuesta, comentario o foto de alguien más, y, en ocasiones, no existe, tan sólo es que realmente le agradó aquello, sin ninguna otra intención. No debería ser legal que las relaciones se arruinaran por estas estúpidas cosas, estamos mal al permitirlo, pero estamos tan ciegos y lo vemos tan natural, que no hacemos nada por cambiarlo. Y eso es sólo un ejemplo. Es que, personalmente, me agota la paciencia. Que si le dio "Me gusta", que si dio "retweet" a tal cosa y que si compartió tal otra, que por qué lo hizo, qué quiere decir, que las indirectas y las directas. ¡No! ¡Basta! Sé que tengo el derecho a que me guste y comparta lo que quiera, sin necesidad de tener que dar explicaciones, sin necesidad de tener una excusa o razón, pero sé de gente que no lo comprende y a todo le busca la famosa quinta pata del gato. Y sé que ahí es cuando comienzan los problemas... y los sentimientos entran en juego. Es triste pensar que me acorralan por eso, es triste pensar que me sofoca tanto que comienzo a generar errores y a herir, y a arruinar todo lo que veo a mi paso. Sin embargo, es increíble pensar como algo tan insignificante puede cambiar tan dramáticamente tu día, tu semana, tu mes y tu vida entera. Intento evitarlo, es verdad, pero estando en compañía de gente que no lo evita... ¿qué más puedes esperar de mí? Exploto porque una parte de mí lucha contra y la otra, no. Exploto porque, al final, me gusta compartir el retweet, como a todos los demás y mis intentos de cambio son en vano.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Mi último deseo.

Mi último deseo fue el más egoísta de todos, pero el que más deseaba y esperaba que se cumpliera, es el que más quería, el primero de la lista. Mi último deseo fue que se quedara, que no emprendiera el mismo camino de retirada que antes, sino que permaneciera a mi lado durante más tiempo del que puedo pensar, durante, más o menos, toda mi vida. Mi último deseo fue seguir viendo esa sonrisa que tanto amo, seguir escuchando esa risa que me contagia de alegría, seguir mirando esos ojos que me dicen más que mil palabras, seguir besando esas mejillas que me generan ganas de apretarlas, seguir abrazando ese cálido cuerpo, seguir escuchando los más hermosos susurros provenientes de esos labios que me vuelven loco. Mi último deseo fue que los recuerdos no volvieran a atormentarme, sino que fuera agradable su estadía en mi mente. Mi último deseo fue hacer las cosas correctamente y evitar los antiguos errores, evitar el mal y dejar entrar al bien. Mi último deseo fue no perderla, no volverla a perder, no alejarla de mi persona. Mi último deseo fue su felicidad, su bien, su sonrisa, su honestidad, su sinceridad, sus emociones, sus abrazos, sus besos, su cuerpo, su alma, su corazón, su presencia. Mi último deseo fue ella.

martes, 10 de noviembre de 2015

¿De quién estás escapando con esa música tan alta?

De mí mismo, de mi pasado, de mi futuro, de mi presente, de mis sentimientos, de mis emociones, de mis pensamientos, de mi vida, de lo que soy y no soy, de lo que no quiero, de mis temores. Mientras más alta la música, más lejos voy y mejor me escondo, mejor me protejo, mejor me camuflo. ¿De quién más escaparía? Es el temor de todo hombre, creo yo. Es el mío, al menos. De todas formas, hay veces que la música no basta y, bueno, en vez de escapar, termino más hundido de lo que me encuentro en la realidad. La música al menos acompaña, le da el toque final al momento, al sentimiento, a todo.