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Llevo 20 otoños sobreviviendo al mundo y viviendo en el medio de la nada, mientras plasmo el mundo en palabras desde mi punto de vista.

jueves, 15 de octubre de 2015

Cuando extraño.

Recuerdo cuando tu sonrisa era el motor de mis días, la luz que necesitaba para ser yo, para liberarme. Extraño eso, principalmente. Cuando tu mano se posaba en mi mejilla y una caricia en ella dejaba, eso extraño. Cuando tus ideas no eran iguales a las mías y las discusiones comenzaban, cuando no soportábamos estar tan distantes, eso extraño. Cuando yo era tu fortaleza y tú, la mía, eso extraño. Cuando sabía que era feliz, cuando conocía la definición de felicidad, cuando no dudaba, eso extraño. Cuando te hacía reír a carcajadas, eso extraño. Cuando planeaba todo cuidadosamente para que te sorprendieras con un simple detalle, eso extraño. Cuando los errores no eran tantos, eso extraño. Cuando, por más enojo que tuviera, mi necesidad de hablarte y escucharte era mayor, lo extraño. Cuando éramos nosotros contra el mundo, cuando no existían imposibles, todo eso estoy extrañando. Cuando la confianza era real, cuando estaba para ayudarte a avanzar, cuando no estábamos desgastados, cuando no ocultábamos nuestras heridas, cuando nos pertenecíamos, lo extraño. Cuando el orgullo no nos separaba, sino que nos unía. Cuando el amor era suficiente. Cuando aplastábamos a la tristeza por querer interponerse, cuando solucionábamos los problemas cuando apenas aparecían, cuando nos decíamos todo sin decirnos nada o cuando decíamos nada, diciéndolo todo. Eso extraño. Cuando susurrabas que todo iba a estar bien y que nada malo nos iba a suceder, eso también. Cuando tus brazos me rodeaban y tu calor me protegía, me curaba, me llenaba, me bastaba. Cuando los planes sólo iban en aumento, cuando los recuerdos nos sacaban una sonrisa y no transformaban las noches en frías, solitarias y tristes. Cuando sabíamos lo que estábamos haciendo, cuando conocíamos el camino y el destino, que era el infinito, pero cuando, a su vez, no sabíamos nada. Cuando éramos novatos, cuando experimentamos, cuando nos queríamos rendir y uno no dejaba al otro, cuando no permitíamos que todo esto sucediera. Cuando el dolor máximo que nos generábamos era por un suave pellizco en nuestra piel que pretendía ser juguetón y nada más. Cuando los susurros nos encendían y las noches eran eternas, cuando los besos nos alborotaban mientras nuestra piel se fundía. Extraño todo eso, todo, pero lo que más extraño, no son sólo los recuerdos, sino el amor, eres tú.

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